sábado, 1 de diciembre de 2007

La mente

Olvido de lo creado
Recuerdo del creador
Atención a lo interior
Y estarse amando al amado



San Juan de la Cruz, místico español del siglo XVI



Los tibetanos se señalan el corazón cuando hablan de la mente. (En Occidente la mayoría señalaríamos la cabeza). El desarrollo de la mente sólo es posible si miramos hacia el interior de nosotros mismos. Y ¿qué podemos descubrir así? Pues preguntemos de nuevo a los tibetanos, que dándonos una inyección de autoestima la definen como algo amplio, limpio, claro y luminoso. No nos estamos refiriendo a la mente de los santos, sino a la de todos nosotros, a la de la gente “normal”.

La mente es indestructible. En el Tibet su nombre es dorye, que significa diamante indestructible. Por muy malvados que seamos o por muy dormida que esté nuestra conciencia, siempre está ahí, latente, esperando su oportunidad de despertar. En Oriente es famosa la historia de Angulimala, el feroz bandido que terminó convirtiéndose en un piadoso monje.

La mente es la maravilla* que todos guardamos en nuestro interior. Algunos lo llaman niño interior, maestro interior, Dios, esencia, alma , Buda interno... todas estas expresiones sirven para definir el posible desarrollo de nuestra capacidad de amar incondicionalmente… San Juan de la Cruz dice en uno de los versos del Cántico espiritual… “Mi alma se ha empleado/ y todo mi caudal en su servicio/ ya no guardo ganado/ ni ya tengo otro oficio/ que ya sólo en amar es mi ejercicio”.

*Si podéis , leeros el libro Maravilla de Enrique Barrios